Agroecología sin patriarcado ni capitalismo

#DebatesParaAvanzar “La agroecología sólo es posible cambiando las relaciones de dominación y expropiación contra las mujeres”.

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Cuba | 19 de junio de 2018

En el marco del Encuentro Global de Escuelas y proceso de formación en Agroecología que realiza La Vía Campesina en Cuba ( del 27 al 30 de Mayo) se debatió sobre la importancia del rol de las mujeres en la Agroecología, en la mesa denominada “Feminismo Campesino y popular y Agroecología” mujeres de diversas organizaciones miembros de Asía, Europa, África y América, junto con una amplia delegación de mujeres cubanas, intercambiaron sus experiencias y resistencias desde sus territorios y contextos, buscando fortalecer la Agroecología Campesina para la Soberanía Alimentaria.

A lo largo de la historia las mujeres han sido creadoras de la agricultura, la base física del sostén de la humanidad. Por más de 10 000 años han creado saberes, desarrollados técnicas, fueron y son hoy las productoras de los alimentos que alimentan al mundo entero. “Somos y hemos sido quienes cuidamos y reproducimos las semillas. Somos y fuimos cuidadoras de la naturaleza. Somos mujeres en resistencia que luchamos por crear una nueva sociedad sin capitalismo y sin patriarcado en una sociedad con justicia, paz y libertad” resaltó en la apertura Noeli Welter Taborda del Movimiento de Mujeres Campesinas, MMC de Brasil.

Por su lado, Rita Trace de la organización Paragos (Unidad Campesina por la Reforma Agraria y Desarrollo Rural) de Filipinas empezó su ponencia comentando cómo la Revolución Verde trajo graves consecuencias para la agricultura; de manera puntal, para las mujeres campesinas, pues profundizó la desigualdad, y los hombres pasaron a recibir aún más privilegio, por ejemplo con las maquinarias. Al mismo tiempo, cómo la comercialización se puso por encima de la producción para el autoconsumo. De esta manera las mujeres perdieron el control sobre las semillas. “Cuando la revolución verde falló, llegó el hambre. Y eso puso a las mujeres en una situación de mayor explotación, de tener que trabajar aún más para enfrentar el hambre” indicó. Ella vive en un territorio amenazado por milicias contratadas por terratenientes, y hace agroecología entre balas y un eminente peligro.

Alimata Traxé una joven mujer en representación de la Convergencia de Mujeres Rurales por la Soberanía Alimentaria – COFERSA, de Mali en el continente Africano relató como las mujeres percibieron la urgencia de organizarse en su región, y enumeró una serie dificultades que tuvieron con los hombres que no comprendían la necesidad de que las mujeres campesinas tengan voz propia. La Convergencia a la que pertenece fue creada en el 2009 y cuenta con 45 cooperativas en distintas provincias de Mali. “Somos una organización autónoma de mujeres orientada a defender la Soberanía Alimentaria en África, porque creemos que es posible ejercerla. Trabajamos en campos de producción de semillas nativas con agroecología campesina. Luchamos por tener tierra para cultivar y para evitar el despojo de nuestras tierras colectivas a causa del brutal acaparamiento de tierras que afecta este continente” asentó.

Desde Oriente Medio, Safa Jelide de la Organización Un Millón de Mujeres Rurales de Túnez elogió la situación Cubana donde se evidencia que una Reforma Agraria es posible, lo cual le genera mucha esperanza. Asimismo, partió por recordar una reflexión de la mártir Chokri Blaeid, quien fue asesinada en el 2012 por fascistas islámicos, y destacó la importancia de la mujer en la revolución “prométeme mujer de mi país, jazmín de mi país, de luchar, de resistir, de no negociar, eres el futuro y el futuro le pertenece”. En ese sentido, Safa destacó la persistente lucha contra la sociedad patriarcal que enfrentan las mujeres en su región. Además, denunció la grave situación en que viven las mujeres del campo “En todos los países del medio oriente, la situación de las mujeres campesinas es mucho peor. Las mujeres campesinas no tienen ni documento nacional de identidad; hacen los trabajos más duros del campo, con doble jornadas y ganan apenas la mitad que los hombres, ni siquiera participan de las elecciones que les permitan tener políticas públicas que garanticen sus derechos. Creemos que aún hay mucho que hacer, y lo estamos haciendo, las mujeres tenemos mucha energía y esperanza” ratificó. 

La intervención de María Soc Carrillo de Coordinadora Nacional de Viudas, CONAVIGUA de Guatemala por América Latina se centró en la óptica indígena, mencionó que si bien las comunidades indígenas saben que el feminismo no nace desde las organizaciones indígenas, lo han tomado como parte de sus reivindicaciones porque son parte de las relaciones de respeto que debe existir entre los seres humanos y con la madre tierra. “Como pueblos tenemos claro que la discriminación hacia las mujeres no se daba antes de la colonización. Hoy las mujeres indígenas somos triplemente explotadas: por ser indígenas, por ser pobres y por ser mujeres. Sin embargo, somos quienes estamos defendiendo y resistiendo por nuestros territorios contra las corporaciones transnacionales, contra políticas públicas que retiran derechos, produciendo alimentos sanos y accesibles, rescatando nuestros saberes ancestrales en armonía con la madre tierra, pues la agroecología no es algo nuevo, siempre la han practicado nuestros ancestros de generación en generación” enfatizó.

Desde EEUU Onika Abraham de Coalición Nacional de Agricultores Familiares congratuló este espacio de discusión, “Soy una mujer afroamericana, con raíz campesina y eso me ha traído muchos problemas”. Si bien el movimiento feminista tuvo una primera ola por derechos por los que todavía hoy se luchan. Según Onika, el enfoque fue muy estrecho y dejó de lado la lucha por otros derechos particulares, por ejemplo de las mujeres negras. Hoy en los EEUU las mujeres ganan un 80 % de lo que gana un hombre por el mismo trabajo. Además, destacó el trabajo del movimiento “Las vidas negras importan” como un buen ejemplo que ha permitido expresarse a sectores históricamente excluidos como las mujeres, negrxs, pobres y migrantes frente a la una alarmante agudización del racismo policial “Así se fueron incluyendo además, las luchas por los derechos de los grupos de diversidad sexual y se fueron transversalizando otras problemáticas” señaló. 


En las reflexiones finales, Nivia da Silva del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, MST de Brasil indicó que para las mujeres del campo el capitalismo representa hoy una expropiación de los bienes naturales pero también una expropiación brutal del cuerpo de las mujeres y eso significa su violación. En su intervención afirmó, “La agroecología solo es posible cambiando las relaciones de dominación y expropiación contra las mujeres. Construir la agroecología es construir la presencia de las mujeres en todas las instancias. Todas nosotras debemos volver a nuestras regiones y llevar estas experiencias, debemos continuar formándonos y buscando construir nuevas relaciones de género para cambiar estas relaciones de violencia que hoy vivimos, por eso decimos que sin feminismo no hay agroecología”.

A modo de conclusión, Francisca Rodríguez de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales de Indígenas, ANAMURI de Chile, añadió “No es posible pensar la agroecología sin recuperar el lugar, el saber, los conocimientos y las prácticas de las mujeres en el campo. Tenemos que juntar nuestras energías para sumar y lograr erradicar el machismo dentro de nuestras organizaciones, y en la sociedad. Sin esto, no es posible vencer al capitalismo ni hacer agroecología, pues el patriarcado es uno de los pilares que sostienen este sistema de muerte y exclusión”.
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¿Qué significa para América Latina y el Caribe la (s)elección de Iván Duque en Colombia?

 "El triunfo de Iván Duque representa un refuerzo de la actual política colombiana subordinada a EEUU, la elevación del riesgo de reavivar el conflicto social interno y de comprometer a Colombia en acciones bélicas contra Venezuela y en otras regiones del planeta."

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Por Javier Tolcachier / Pressenza

La perspectiva histórica
Hace exactamente cien años asumió la presidencia de Colombia Marco Fidel Suarez, quien acuño el lineamiento de política exterior llamado Respice Polum (“miremos al polo” o “hacia el Norte”) o Doctrina Suárez. Desde entonces, y con pocas interrupciones como la del general nacionalista Gustavo Rojas Pinilla (1953-57) y de manera menos estridente, en el período de Ernesto Samper (94-98), Colombia ha actuado subordinada a los intereses expansionistas de los EEUU limitando la soberanía de sus relaciones internacionales. Poco antes, Colombia perdía su provincia centroamericana, que se independizó como Panamá en 1903 por el interés de EEUU de construir el canal interoceánico. Suárez fue actor principalísimo en la ratificación del Tratado Urrutia-Thompson, firmado en 1914, por el cual se otorgaban algunas compensaciones a Colombia por su pérdida territorial e intentaba “normalizar” la relación quebrada con EEUU por la secesión panameña.

El Acta de Chapultepec de 1945, la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en 1947 y la creación de la OEA en 1948 - justamente en Bogotá - constituyeron la implementación luego de la segunda guerra mundial de la Doctrina Monroe, dando juridicidad a la hegemonía y la posibilidad intervencionista de los EEUU en la región.

A la muerte del tribuno liberal Jorge Eliécer Gaitán siguió la guerra interna.

El Frente Nacional (1958-1974) y la misma guerra interior, fueron escudo y excusa de la plutocracia aliada con los EEUU contra todo intento progresista o de izquierda para cambiar las cosas. El mismo objetivo de control militar y civil, bajo la apariencia de la lucha contra el narco, tuvieron la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia.

¿Novedades en el frente? El actual enemigo principal de EEUU
En Enero de este año la administración Trump hizo pública la renovación de su estrategia de seguridad nacional – hasta ahora enfocada en la “lucha contra el terrorismo global” - poniendo como principales vectores de amenaza la competencia de Rusia y China en el tablero mundial. Lo que se quiere evitar es la pérdida de hegemonía estadounidense y el ascenso de Oriente como principal polo planetario.

EEUU ha logrado mejorar su posición geopolítica relativa en América Latina, luego de los golpes parlamentarios en Honduras, Paraguay y Brasil, la victoria de Macri y el partido colorado en Paraguay, la reelección de Piñera en Chile, el giro a la derecha de Moreno en Ecuador y el debilitamiento del gobierno del FMLN en El Salvador. El país del Norte ataca a Venezuela, a Nicaragua y a Bolivia para eliminar todos los focos de resistencia de izquierda a su hegemonía.

Sin embargo, la situación es precaria e inestable. En Perú ya echaron a PPK y el nuevo presidente Vizcarra está en posición endeble. En Brasil, el golpista Temer no cuenta con aprobación popular, lo mismo sucede con Juan Orlando Hernández en Honduras, reelecto en circunstancias fraudulentas. En Guatemala, se pide la renuncia de Jimmy Morales. En México, a todas luces va a ganar las elecciones el reformismo progresista de López Obrador. En Argentina, EEUU ha establecido un protectorado económico a través de fondos buitres y el FMI, lo que augura una enorme conflictividad social ante el ya evidente fracaso económico y social de Macri.

Colombia hoy
En Colombia, luego de los Acuerdos de Paz las acciones bélicas han disminuido, aunque continúan los asesinatos selectivos a líderes campesinos y sociales que protagonizan la oposición local al feudalismo terrateniente, a los megaproyectos extractivistas y de infraestructura.

Por otra parte, Colombia continúa siendo el principal proveedor de droga del mercado estadounidense, aumentando la superficie de cultivos de coca en los últimos años, a pesar de fumigación indiscriminada, guerra institucional y foránea. Lo cual muestra – como mínimo – la ineficacia de tales planificaciones. O acaso, que las intenciones no declaradas de dichos planes nunca contemplaron una reducción efectiva del narcodelito.

Más allá de la veracidad estadística o no de esta cifra, esto constituye una argumentación propicia para continuar la acción militar y de seguridad de EEUU en territorio colombiano. En la última visita a Colombia del ahora ex secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, el Gobierno de Colombia aseguró su voluntad de conformar una fuerza de tarea conjunta para combatir el narcotráfico. EEUU, por su parte, anunció la renovación de la cooperación – una continuidad del Plan Colombia concebido durante la presidencia del conservador Pastrana – por cinco años más. O sea, más de lo mismo.

Por si fuera poco belicismo, “el premio Nobel de la Paz” Santos sumó recientemente a Colombia como socio global de la OTAN, ofreciendo al país como cabeza de playa en Sudamérica.

En términos regionales, Colombia ha suspendido sus actividades en UNASUR y conspira abiertamente contra el legítimo gobierno bolivariano de Venezuela en conjunto con la docena de países nucleados en el grupo de Lima.

Entonces, ¿qué significa para la región el resultado de la segunda vuelta?

Si se mira el mapa de los actuales gobiernos, América Latina y Sudamérica están partidas, divididas por la influencia estadounidense, la propaganda de medios concentrados y una mezcla de acomodados y arribistas en cada país que se niega a solidarizarse con los sectores desposeídos y discriminados, la mayoría mestiza, negra y originaria de la región.

En este contexto y desde el punto de vista de la política exterior, el triunfo de Iván Duque representa un refuerzo de la actual política colombiana subordinada a EEUU, la elevación del riesgo de reavivar el conflicto social interno y de comprometer a Colombia en acciones bélicas contra Venezuela y en otras regiones del planeta.

La (s)elección de Duque por quienes lo respaldan, augura la permanencia de efectivos militares estadounidenses y el uso de bases colombianas por parte de EEUU, el retroceso de los procesos de integración soberanos y pone en riesgo la Declaración de América Latina como Zona de Paz lograda en la reunión CELAC de 2014.

Duque será un presidente débil en manos de la oligarquía y las fuerzas partidocráticas a su servicio, lo que producirá una acentuación del neoliberalismo y la propiedad concentrada de la tierra, las finanzas y los medios, alejando toda posibilidad de acotar o disminuir las enormes brechas de desigualdad.

En definitiva, en términos geopolíticos, todo indica que el nuevo presidente seguirá con la política del “partido único de dos cabezas” de ser apenas un satélite de los intereses estadounidenses en América Latina.

Petro, apoyado por gran parte del arco progresista colombiano - y sobre todo por mujeres y jóvenes, columna vertebral del activismo por la paz - hubiera constituido un fuerte impulso a conservar lo ganado en los Acuerdos de Paz y la posibilidad de una progresiva reconciliación. Hubiera sido el gobierno progresista que le faltó a Colombia, mientras otros países de América Latina avanzaban en la integración y las mejoras sociales con Lula, Cristina y Nestor Kirchner, Correa y aún más marcadamente con Chávez y Evo.

No hay dudas que en esta segunda vuelta triunfó la continuidad de la partidocracia, en cerrada coalición con la opinión de los medios de difusión hegemónicos, las iglesias retrógradas y la estrategia de la administración estadounidense. Ganó el candidato del bipartido único, de la oligarquía y la conservación.

Pero los guarismos muestran también que hay un importante sector de la ciudadanía que quiere una Colombia distinta. En este sentido, los ocho millones de votos conseguidos son una voz fuerte que sitúan a Gustavo Petro como líder de la oposición, quien junto a la resistencia ciudadana y rural dificultarán al nuevo gobierno ejecutar sin más su programa. Esto probablemente se hará manifiesto en la construcción territorial y en futuras elecciones municipales y nacionales. El poder no tiene asegurado el futuro.

La elección en Colombia puso de manifiesto, en coincidencia con procesos más generales, que el camino hacia una América Latina más humana es la articulación en la diversidad de las fuerzas humanistas de la izquierda y el progresismo social en el marco de una renovación de los proyectos transformadores y con el eminente protagonismo de las mujeres y los jóvenes.
Colombia | 18 de junio de 2018
 
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Del Estado de Bienestar a la Sociedad de Malestar

Es mentira. El Estado del bienestar adscrito a la socialdemocracia -fiel amante del capital- es un espejismo, tiende tarde o temprano a la sociedad del malestar. Europa lo dice hoy, no se puede estar bien con dios y con el diablo. Para que exista la sociedad de bienestar debe estar controlada por un Estado comunal que distribuya la riqueza bajo la mirada de todo el pueblo. En ese sentido presentamos para el Debate un artículo de Juan Jiménez Herrera ¿Del Estado de bienestar a la Sociedad del Bienestar?



Sin que podamos, como es natural, trazar rígidas fronteras, nos es dado afirmar que hasta el inicio de la “revolución conservadora” encabezada por la “Dama de hierro” y el actor secundario de Hollywood, allá por finales de los 70 y principios del 80 del siglo pasado, el capitalismo occidental se ha reinventado a sí mismo a través del Estado Intervencionista, benefactor o del bienestar.

El instrumento de la deuda pública, los déficit, la redistribución de la riqueza a través de un significativo sistema impositivo y las consiguientes prestaciones públicas de bienes y servicios sustentan lo que ha venido en denominarse Estado social o del bienestar. Quiebra, no obstante, este modelo tras la toma de conciencia por parte de los sectores más duros del capital del hecho de que, por ese camino, el propio sistema capitalista corría el riesgo de desnaturalizarse. En efecto, la cada vez más alta participación del Estado en el PIB y la existencia de importantes sectores estratégicos en manos públicas amenazaba con superar el umbral que diferencie al capitalismo de una economía fuertemente socializada o, cuando menos, estatalizada.

Imagen relacionadaAsí, lo que hasta entonces era deuda pública se troca en deuda privada. En el discurso neoliberal ya no será el Estado quien se endeude para prestar servicios o bienes a la población o, a mejor decir, ya no se incorporarán otros nuevos servicios o bienes en el elenco de la actividad prestacional del Estado, al contrario, será la misma sociedad la que asuma el coste de estas nuevas prestaciones o servicios, incluso de las tradicionalmente realizadas por el Estado. La enorme masa de capitales acumulados en los tres decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, provenientes de la plusvalía extraída a los trabajadores de Occidente, como a los de los países colonizados, semiconlonizados, etc, y la plena recuperación del potencial económico de Europa, como ya sucediera, asimismo, después de la Primera Guerra Mundial, conducirán, nuevamente, al mundo capitalista, a una seria crisis de sobreproducción.

El capitalismo se encaminará, desde entonces, en el marco de la citada crisis de sobreproducción, a dar curso al mayor de los volúmenes de crédito privado de la historia económica, en auxilio de una menguada solvencia de la demanda, fenómeno concomitante a la propia crisis. Se sustituirá al Estado endeudado por una población endeuda, la deuda pública por la deuda privada. Y en efecto esto surtirá sus efectos: con la ayuda del crédito hiperdesarrollado, la solvencia de la demanda aumenta, la máquina de producción recupera su frenética actividad, se sucede la revolución cibernética, el ciudadano, más que nunca, se convierte en un febril consumidor de todo tipo de artículos: ordenadores, electrodomésticos de nueva generación, paquetes de ocio, servicios médicos, educativos y asistenciales, ajenos a los sistemas públicos de previsión social, etc.

En occidente la reducción, o cuando menos el estancamiento del Estado de Bienestar Social, se compensa con el alumbramiento de una nueva realidad: la sociedad del bienestar. Pero ello sucede a condición de que el ciudadano, el asalariado, se endeude. No ya para sobrevivir, sino para vivir en el confort. Las tarjetas de crédito, los préstamos de consumo, las hipotecas, etc. provocan que el asalariado cuente con una solvencia más allá de su salario, esto es, sobrepasando la capacidad monetaria estricta para reproducir sus fuerzas físicas y psíquicas a corto plazo (algo, sin duda, inédito). Al contrario, las necesidades de realización de la plusvalía del capital, en una economía de la abundancia y en el marco de unos salarios que crecen a un ritmo bastante menor que la acumulación del capital, obligan a éste a prestar al asalariado para que consuma más allá del nivel que le permitiría el poder de compra de su salario. Es decir, el capital, para poder seguir reproduciéndose, precisa “desprenderse” de parte de sí mismo, bien “entregándolo” al Estado o bien al propio al asalariado. De otra manera, ya habría sucumbido hace decenios en una profunda depresión. Pero lo hace reservándose la titularidad del mismo, a través de la figura del préstamo o, a regañadientes, perdiéndola si es a través de impuestos.

Con todo, el crédito no hace sino preparar una nueva crisis de sobreproducción en un nivel de mayores proporciones, una vez que la proyección del salario sea incapaz de soportar más endeudamiento. Llega un momento en el que la cuantía del salario es insuficiente para soportar más endeudamiento porque no es posible sumar más cuotas, más amortizaciones. En consecuencia, el sistema crediticio “corta el grifo”, entra en una grave crisis de solvencia él mismo, como consecuencia de sus excesos, y conduce a la sociedad del bienestar a una crisis profunda.

El capitalismo financiero espera ahora, en un marco de estancamiento, recuperar su inversión o recapitalizarse para poder iniciar un nuevo ciclo (en esto consiste la falta de liquidez del sistema financiero). El obligado ahorro de las familias tiene un camino seguro: el pago de las deudas en detrimento del consumo. El consumidor frenético ha sido reemplazado por un deprimido ciudadano deudor. Y entre tanto la máquina de la producción se ha parado en seco, el Estado del Bienestar ha visto cómo se han secado sus fuentes de ingresos, la sociedad del bienestar se trocado en sociedad del “malestar”. Es nuevamente la crisis del capitalismo en una fase superior, más exacerbada y violenta. O se condonan las deudas y el capitalismo financiero practica su propia eutanasia o el sistema entero se verá abocado a una crisis profundísima y duradera, muy duradera. En principio, tan prolongada como el tiempo que precisen, en general, las masas endeudas para “sanearse” financieramente. ¿Diez, quince años de austeridad, desempleo masivo y subconsumo? Parece un tiempo excesivamente largo, como para que, en el ínterin, todo el mecanismo no amenace ruina inminente.

Esto fue lo que reflexioné hace, justamente hoy, siete años.

Y, a medio camino de ese plazo decenal o quincenal, el capitalismo, lejos aún de refinanciarse con el austericidio a que ha sometido a la ciudadanía asalariada, para evitar el colapso del sistema financiero privado y el equilibrio financiero del propio Estado, ha hiperendeudado a los estados nacionales a un nivel exorbitante: 176 billones de dólares, el doble del PIB mundial. Y con ello ha cercenado la posibilidad de que, nuevamente, el presupuesto estatal salve al capital, que, en este nuevo estadio de la crisis, habría puesto en juego tan desmesurada e irreal cantidad de sí mismo, que se convertirá en incapaz de satisfacer, sin caer antes en el desgobierno total, a todos cuantos, en la ruina financiera, pretendan hacer valer su riqueza blandiendo el frío e inerte asiento contable de un banco (y Estado) en quiebra.

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Civilización versus lucha de clases

...Si la historia de la humanidad, asimismo, no es sino lucha de clases, lo cierto es que, además, en cuanto historia consciente, es, fundamentalmente, vocación de dominación de una civilización, la occidental, que la narra y esculpe, a lo largo de los siglos, con la servidumbre del resto del planeta.

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Juan Jiménez Herrera



La historia en general, la que concierne a la humanidad como objeto indivisible y universal es un producto intelectual de la época contemporánea; fundamentalmente, de una civilización, la occidental, que, consciente de una superioridad material, derivada de un “sorpasso” tecnológico científico datado en los siglos del renacimiento, adquiere vocación de dominación mundial. A ese propósito ayudó, inconmensurablemente, la construcción del universalismo cristiano, oriundo de la época y emparentado, a la perfección, con el poder político y económico.

En fin, historia y vocación de dominación mundial devienen en conceptos íntimamente conexionado. No existe el uno sin el otro. Si la historia de la humanidad, asimismo, no es sino lucha de clases, lo cierto es que, además, en cuanto historia consciente, es, fundamentalmente, vocación de dominación de una civilización, la occidental, que la narra y esculpe, a lo largo de los siglos, con la servidumbre del resto del planeta. Sus luchas intestinas -de clase- , a la postre, han actuado como acicates para acelerar la necesidad de dominación.

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Los episodios de la Primera y Segunda Guerras Mundiales- paradigmas de conflicto derivado por el reparto del planeta-, bajo la apariencia del enfrentamiento interno entre distintas potencias occidentales, constituyeron, en realidad, la definición y perfección de la dominación: la constatación de que sólo, dominando territorios y pueblos extramuros, podría asentarse, con estabilidad, la civilización europea-occidental, conjurando, en lo esencial, el peligro de la desintegración por sus propias contradicciones (de clase). Aquellas contiendas bélicas fueron, no obstante, medios de dominación rudimentarios, superados, al abrigo de nuevas brechas tecnológicas favorables del lado dominador y de una extraordinaria y creciente productividad, por los vigentes y actuales, que sacian, sin necesidad de guerras y por convenio, los intereses de las distintas facciones occidentales.

El capitalismo, modo de producción que eleva a occidente, desde el punto de vista material, por encima del resto de las civilizaciones, al punto de configurarlo como sujeto activo de la historia, lo empuja, espoleado por sus contradicciones internas, a actuar, en el escenario mundial, como agente imperialista, en tanto que otras civilizaciones, huérfanas de catalizadores económicos determinantes, duermen en el sueño de la inmovilidad, siendo presas- al primer contacto- del colonialismo y otros medios de servidumbre y dominación.

Así, pues, si la primera historia universal- la de su definición y estructuración- que sólo existe, en cuanto fenómeno histórico, con occidente- es, en lo primordial, una historia de lucha de clases intestina, la de su madurez, es la de la superación o exportación de los conflictos o luchas al exterior, concluyéndose, en cierto modo, en que los movimientos antisistémicos- protagonistas de la lucha de clases- han coadyuvado a tal fin, acelerando la necesidad de dominación. Gráficamente expresado, aquellos han contribuido a engendrar la criatura; son, por fracasados, responsables históricos de la actual dominación, aunque, bien miradas las cosas, más bien han sido arrollados por las incontenibles tendencias históricas de dominación y servido de vigoroso alimento para las mismas. La Unión Soviética, en el fondo, fue defenestrada, por activa o pasiva, por su población, ansiosa de incorporarse a la sociedad de consumo/civilización occidental y al proceso de dominación que le es inherente.

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Derivar de lo que antecede la precipitada conclusión de la inutilidad e, incluso, perniciosidad de las luchas libradas, en estos dos últimos siglos, por las fuerzas por el socialismo y las de otras, en épocas más lejanas, contra modos de producción que, necesariamente, las generaban, no parece ser las forma más justa de conducirse en el análisis científico de la sociedad. Muy al contrario, se trata de afirmar que lo que parecía, en un principio, nacido- el socialismo- para triunfar en un determinado ámbito geográfico- el europeo occidental- más bien, las tendencias históricas dominantes, lo han exportado, a la par que sus conflictos, al exterior de sus fronteras. Es, por así decirlo, un cambio de escenario que los primeros socialistas (dicho con absoluta humildad) no adivinaron a dibujar, más interesados por el fenómeno “modo de producción capitalista” que por el de “civilización occidental”, a la postre, con mayor carga de determinación histórica.

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SIN CONSUMO RESPONSABLE NO HAY AGROECOLOGIA

"Sin consumo responsable no habrá agroecología y no habrá consumo responsable sin que se dé un renacimiento de la agroecología."

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Entrevista a Stephen Sherwood: "Con la modernización, el pueblo ecuatoriano comenzó a ceder mucho control de su comida a los intereses privados. En mi opinión, la comida, como nuestra principal fuente de energía, es demasiado importante como para dejarla en manos de la industria privada, de la ciencia o del Estado. Ha de estar en las manos de la ‘gente que se alimenta’. Por ese motivo, tenemos una gran preocupación: proteger la comida y los alimentos como un bien común", dice el agroecólogo Stephen Sherwood.

Isabel Salcedo

A pesar de asistir a la hegemonía de un sistema agroalimentario global, seguimos creyendo en la posibilidad de tejer relaciones más cercanas y más justas cuando hablamos de producción y consumo. La alimentación atraviesa nuestras vidas mucho más de lo que imaginamos y la forma en que nos relacionamos, junto a la toma de decisiones, marcan nuestro actuar político, económico y social.

Stephen Sherwood, agroecólogo convencido, charló con el Observatorio del Cambio Rural sobre los grandes cambios en los sistemas agroalimentarios en Ecuador y sus consecuencias en los mercados, la salud y la equidad entre las personas, tanto como los contramovimientos que estas tendencias han generado.

Para acercarnos a la realidad agroalimentaria, comenzamos por lo primero: ¿qué entendemos por sistema agroalimentario?

En realidad, no encuentro un “sistema agroalimentario” en Ecuador, sino todo lo contrario. En los estudios no observamos las características de un sistema, es decir, una mayor retroalimentación, responsabilidad o autocorrección entre los diferentes actores activos en la comida moderna. En lugar de un sistema capaz de autorregular o autocorregirse, encontramos una “organización irresponsable”, compuesta por relaciones que se degeneran al interior, entre las diferentes partes, con el tiempo.

Cuando una persona con hambre no tiene idea de dónde viene su comida, su preocupación comienza por pagar lo menos posible. De forma similar, cuando un agricultor no conoce a las personas que van a alimentarse de sus productos, es capaz de aplicar un plaguicida hasta el último momento mientras separa una cosecha limpia para su propia familia. Cuando dos actores se enfocan en optimizar sus transacciones inmediatas no se preocupan por las consecuencias que la comida moderna puede tener en los contextos más amplios, por ejemplo, en lo que se refiere a la equidad social, la salud pública o el ambiente. Ésta es la triste situación en la que nos encontramos hoy día. En vez de fomentar una mayor abundancia a través de nuestra búsqueda diaria de alimentos, el acto de comer tiende a degradar los suelos, los sistemas hídricos y los recursos genéticos al mismo tiempo que fomenta plagas.

Además, en diferentes localidades del país, los mercados parecen transferir la mayor parte de la riqueza que circula en los alimentos y las bebidas (que según nuestros cálculos podría ser un total de 20.000 millones de dólares al año) a actores de la industria de alimentos y los sistemas financieros. De esta forma, se puede argumentar que la comida es la fuente principal de la inequidad social en nuestro país. Peor aún, el conjunto de factores asociados con la oxidación de materia orgánica en los suelos, la dependencia de dietas basadas en animales y la asociada generación de gases, el transporte y las formas de cocción y almacenamiento parecen jugar un rol directo y substancial en el cambio climático. Según algunas fuentes, hasta el 40% de los gases de efecto invernadero se deben a la agricultura y la comida moderna.

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Según lo que comentas, ¿cuál es el origen de estos problemas?

Para mí, el problema principal es el gran proyecto de la modernización, fundamentado en cuatro hechos históricos: 1) la comodificación de la vida del campo (es decir, la imposición de un precio en todo: la tierra, el agua, el tiempo, los productos, etc; 2) la introducción de monedas y sistemas financieros como las formas principales de intermediación; 3) el distanciamiento físico y social de los mercados, donde es esencialmente imposible que los que producen y los que consumen se conozcan; 4) la dependencia en los expertos y la compra de sus tecnologías.

Describimos el efecto global de estos cuatros elementos como una “organización irresponsable”, donde la gente que toma las decisiones determinantes no experimenta sus consecuencias. A lo largo del tiempo, la consecuencia principal de la modernización ha derivado en nuevas formas de violencia: ambiental, económica, social y de salud. Mientras, continúan los procesos de degradación de los ecosistemas y se agrava la equidad social a través de mercados de alimentos cada vez más exclusivos e injustos. Últimamente, ha llegado un nuevo fenómeno autodestructivo asociado con la modernización en los alimentos: las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ENTs). Asociado con la proliferación de los alimentos y derivados altamente procesados de la industria, el sobrepeso/obesidad es la causa principal de las ENTs, que incluyen las enfermedades de hipertensión, cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes. En Ecuador, las ENTs representan 6 de las 10 primeras causas de muerte y el 24% del total de muertes.

Según un estudio del MIES y CEPAL (2017), el costo de las ENTs en nuestro país está por encima de los USD 1,7 mil millones por año. En apenas 70 años, la modernización de la agricultura y los alimentos se ha convertido en la causa principal de la degradación ambiental y la pobreza y ha generado, quizás, la peor pandemia en la historia humana. Sin querer sobre-romantizar la agricultura tradicional que sí tuvo sus problemas y limitaciones, por lo menos, tenemos que reconocer que, en sus 7.000 a 10.000 años de existencia, nunca puso en tela de duda la sobrevivencia de nuestra especie.


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Dentro de este sistema de relaciones desiguales, ¿cuál es el rol de la mujer?

En la década de los 80 y 90, comencé en la práctica de fomentar el desarrollo rural. Cuando nos acercábamos a la finca y realizábamos capacitaciones, hablábamos con un hombre. En la actualidad, lo positivo es que cada día nos enfocamos más en la familia, en la mujer, los niños y los abuelos; obviamente, en la familia como unidad. Sin agricultura familiar no hay agroecología.

Deberíamos empatizar un poco más en qué es la agricultura familiar y su importancia como unidad de producción, no sólo de alimentos, sino también de otras prácticas esenciales para nuestro bienestar, como son los hábitos de compra, cocción y consumo, la identidad, su reproducción y las relaciones con otras familias en el barrio. Porque si no tenemos cuidado la agroecología puede ser traducida por los actores de la modernización, simplemente, como una forma de producción ecológica. De hecho, esta tendencia ya está en camino.

Diría que el poder de la mujer pasa por el lado afectivo, es decir, de la reproducción de los sentidos y las emociones, como es el caso del cuidado de los niños y ancianos. Ellas mismas son las que manejan los sabores de la cocina y, en su conjunto, los gustos (es decir, lo social del sabor) de una comunidad. Para mí, la capacidad afectiva de una familia es la semilla de cambio. Si no invertimos en la mujer y sus capacidades afectivas, perderemos una potencialidad esencial de nuestra gente.

Si tenemos en cuenta que la alimentación juega un papel clave, ¿en manos de quiénes debería estar el control de la comida?

Con la modernización, el pueblo ecuatoriano comenzó a ceder mucho control de su comida a los intereses privados. En mi opinión, como nuestra principal fuente de energía, la comida es demasiado importante como para dejarla en manos de la industria privada, de la ciencia o del Estado. Ha de estar en las manos de la ‘gente que se alimenta’. Por ese motivo, tenemos una gran preocupación: proteger la comida y los alimentos como un bien común; es decir, una propiedad en libre circulación entre el público. En este sentido, la lucha frente a la modernización se puede entender como una lucha por la democracia del agro y los alimentos, la comida de la gente, por la gente y para la gente.

Con estas reflexiones, ¿podemos hablar de una crisis agroalimentaria en Ecuador?

El proyecto ambicioso de introducir la modernización en Ecuador y su profundización ha generado, con el tiempo, mucha violencia. Estamos encerrados en círculos de violencia donde hay inequidad y los sistemas de producción generan violencia contra el medio ambiente, contra las mujeres y las niñas, en mayor medida. También se genera violencia en relación a las enfermedades crónicas no transmisibles que surgen de la ingesta de los alimentos y derivados ultraprocesados que, hoy en día, son el mecanismo principal de la industria alimentaria para desplazar al público de sus sistemas agroalimentarios. La industria privada logra este desplazamiento al fomentar la adicción a los endulzantes artificiales y al introducir almidones baratos en la comida chatarra. También lo logra con la introducción de aceites altamente procesados y una industrialización de las carnes, los huevos y los lácteos derivados de maíz y soya transgénica.

Desde mi punto de vista, es una forma de destrozar la democracia teniendo en cuenta que nuestra actividad diaria principal es la búsqueda de la comida y mantenernos vivos y sanos. Ésta es la crisis que se vive en Ecuador, al igual que en otros países.

Considerando necesario un acercamiento entre el campo y la ciudad, ¿cuáles son las relaciones que nos permiten comer?

Soy agricultor, nuestra familia maneja una finca orgánica y agroecológica. A través de las actividades diarias asociadas con la comida, los habitantes de los Andes han armado sus relaciones en armonía con la naturaleza. Gracias a la modernización, rompimos de 7.000 a 10.000 años de relacionamiento con nuestra comida y la alimentación en menos de un siglo. El problema no es solo con el consumidor urbano, que no tiene idea de dónde viene su comida ni cómo preparla. Hoy día, la familia rural no sabe de dónde viene su semilla ó su cultivo y, en vez de cultivar con su propio ecosistema, microbios, insectos y la fertilidad de sus suelos, las fases lunares o las épocas del año, la familia cultiva en contra de ello. Como resultado, acuden a intervenciones drásticas como el uso de plaguicidas o fertilizantes sintéticos para compensar ante una agricultura fundamentalmente incoherente. Tras décadas de políticas públicas en contra de la gente rural, nos encontramos con una sociedad donde las familias rurales quedan afuera de los beneficios de la sociedad moderna, en particular en lo que se refiere a los servicos de salud, la calidad de la educación y las comunicaciones. Para comenzar a transformar esta situación, sentimos que hay que reorientar nuestra inversión en los alimentos, familia por familia a lo largo del país.

En este sentirnos sujetos de nuestra propia vida, ¿qué roles juegan el sabor y el gusto?

El sabor es la parte bioquímica, la parte visceral, y el gusto constituye la parte social del sabor. Nos convertimos en sujetos cuando controlamos y manejamos los sabores de todo lo que comemos y donde comer no sólo constituye una forma de llenarme y nutrirme, sino que es una forma de manejar mi territorio, en términos biológicos y ecológicos, pero también en términos económicos, sociales y culturales.
Existen experiencias de reconstrucción rural desde la gastronomía, como la de Slow Food, que podemos aprovechar para inspirarnos y rescatar los movimientos campesinos y movimientos de la gente en torno a la alimentación sana. Desde mi punto de vista, sin consumo responsable no habrá agroecología y no habrá consumo responsable sin que se dé un renacimiento de la agroecología.

Stephen Sherwood 

A nivel de discurso y en la misma práctica, ¿cómo ves al movimiento campesino del Ecuador?

Llevo 25 años en el país, y he visto diferentes fases. Posiblemente en este momento, el movimiento campesino está un poco debilitado, sin dirección. Tuvo grandes éxitos en los años 80 y 90, pero durante el gobierno de Lucio Gutiérrez se dividió, sobre todo entre la Amazonía y la Sierra y las principales regiones.

Si hablamos de la práctica, muchos de los líderes actuales de los movimientos campesinos en Ecuador ahora viven en las ciudades. No cultivan y han perdido su contacto con el suelo y las plantas. Últimamente, algunos no están tan informados sobre los asuntos críticos como antes; por ejemplo, sobre las actuales controversias asociadas con el veto de Ley de Semillas y sobre las implicaciones de los esfuerzos por introducir las semillas y cultivos transgénicos en el país. Recientemente, en la preparación de las demandas que fueron presentadas ante la Corte Constitucional, nos sorprendió que los líderes de la sierra no estuvieran completamente informados cuando se han dado más de cinco años de debate público sobre el tema. A todos, nos toca revitalizar nuestras chakras, familias, comunidades y organizaciones si vamos a sobrellevar las instituciones de la modernización.
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¿Crees que albergan en sus debates temas como la salud y el consumo?

Están en temas importantes como la minería, procesos burocráticos y administrativos, pero el hecho es que no están tan informados sobre la realidad campesina ni sobre la crisis agraria y la pandemia del sobrepeso y la obesidad y las ENTs. Nos hemos dado cuenta que el agro es cómplice de las enfermedades cuando el agro debería ser cómplice de la salud, de la sustentabilidad y la equidad. Hemos creado un sistema del agro que elimina la posibilidad de ser sano en la cultura. Lastimosamente, siento que las organizaciones indígenas y campesinas no siempre están a la vanguardia y les necesitamos urgentemente. Diría que muchos de los campesinos sí, pero sus representantes no siempre. Es necesario renovar nuestras relaciones entre los que producimos y estudiamos y que nuestros líderes estén informados.

Si hablamos de las subjetividades del campesinado, ¿cómo es el campesino ecuatoriano?

Cuando creamos una situación para que el agricultor sea independiente, en el caso de que necesite una determinada tecnología para resolver un problema de suelos, de plagas o ver si otro resuelve su problema de mercados y comercialización, se crea una dependencia total. Para mí, este hecho convierte al campesino en un actor virtual sujeto a otro, lo cual es peligroso porque los agricultores no se responsabilizan por su bienestar, por los recursos naturales y se agrava su situación de marginalización y de pobreza.

¿Vemos alguna alternativa, alguna solución para esta problemática?

Parte de la solución está en buscar cómo podemos fomentar más subjetividad a nivel de todos los actores y que comenzemos a caminar en la misma dirección. Los campesinos no han sido los únicos que se han quedado pasivos, sino que también hay gente que se alimenta y que no sabe qué hacer ni cómo cocinar determinados productos andinos como, por ejemplo, la mashua, el melloco y la jícama. En las crisis de identidad y de valores nos hace vulnerables a los intereses de otros.

Estamos en el momento de las alternativas, ¿consideras que la agroecología sirve para combatir el problema de la salud asociado a las prácticas alimentarias? ¿qué otro tipo de relaciones contribuye a construir?

Diría que sí, según como definamos la agroecología. Yo mismo llevo muchos años en la práctica de la agroecología, pero siento que a lo mejor cometí un error al enfocarme demasiado en la agronomía, de separar los procesos de producción de los procesos de consumo, tal como nos pide la modernización. En algún momento se nos olvidó que la agricultura tenía que ver con los alimentos y caimos en las manos de los ingenieros y la industria agroalimentaria. En la producción en las fincas perdimos de vista el enfoque sobre el relacionamiento con nuestros socios en los mercados, los sabores y gustos; la gastronomía y nuestro propio comer en la familia. Sobre todo, olvidamos que los agricultores pueden beneficiarse de sus propios productos; deberíamos comer mejor que cualquier otro sector de nuestra sociedad. 


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En la actualidad, la agroecología está ampliándose en Ecuador para incluir otros aspectos de los alimentos. Las personas que se alimentan en Ecuador gastan cerca de USD 20.000 millones en alimentos y bebidas no alcohólicas. Necesitamos que, en mayor proporción, la gente que se alimenta se convierta en socios directos de la agroecología. Estoy convencido que la agroecología puede ser el vehículo que nos permita armar una verdadera abundancia en Ecuador, en todos los sentidos. No conozco otro espacio que sea tan fértil como la agroecología; yo encuentro mucha inspiración. Si atendemos a la parte de las ventas, compras, alimentación, al movimiento de Economía Popular y Solidaria en Ecuador, se pueden superar las dicotomías impuestas por la modernización, y así derribar las diferencias que en este momento nos separan a todos, padres, madres, hermanos y hermanas.

“Para transformar el país tenemos que aprender a ‘comer bien’. Para mí, comer bien significa comer lo nuestro, rescatar nuestra tierra, semilla, identidad y la cultura para que sigamos floreciendo.“

Stephen Sherwood es padre, esposo, vecino y copropietario de la Granja Urkuwayku, una finca orgánica familiar localizada en las faldas del volcán Ilaló, en la Merced, el Valle de los Chillos. Su familia entrega una canasta semanal a una red de socios en Quito desde hace más de 15 años. Es cofundador de las ONGs EkoRural y Groundswell International y es académico en la Universidad de Wageningen en Holanda.

Fuente:
OCARU http://ocaru.org.ec/index.php/coyuntura/entrevistas/item/8244-no-habra-agroecologia-familiar-sin-un-consumo-responable-conversando-sobre-la-vitalidad-de-la-comida-y-los-alimentos-con-stephen-sherwood 

OCARU-Rebelión / Escuela Bolivariana del Poder Popular
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La planta insolente del Comando Sur

Si el dueño del circo “no descarta” la intervención armada contra Venezuela, es creíble que los payasos disparen papelillo.

 Luis Britto García



Alguna vez dije que vivíamos en la época del imperialismo humanitario y el genocidio filantrópico. Prueba de ello, el plan Masterstroke, del almirante Kurt Tidd, comandante en jefe delSouth Command, sección del ejército de una potencia del Norte que nada tiene que hacer en nuestro Sur (http://www.voltairenet.org/article201091.html.). Lo publica Voltairenet; lo comenta Stella Calloni, especialista en operaciones de genocidio, y su contenido es coherente con anteriores políticas y documentos de Washington. Si el dueño del circo “no descarta” la intervención armada contra Venezuela, es creíble que los payasos disparen papelillo.




El solo título, “Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship” (Plan para derrocar la dictadura venezolana), es ya una confesión delictiva. En términos de la Carta de la ONU y de la de la OEA, ningún Estado puede ni debe intervenir en las cuestiones internas de otro, y mucho menos derrocar su gobierno. A confesión de parte, relevo de pruebas. Tidd confiesa desvergonzadamente en el texto la implicación de su gobierno en las acciones contra Venezuela: “Es tiempo de que Estados Unidos pruebe, con acciones concretas, que está implicado en el proceso de derrocar la dictadura venezolana, lo cual significará un punto decisivo”.

Pero también admite con mayor cinismo todavía que ese proceso no va a ser cumplido por venezolanos, pues las fuerzas opositoras “no tienen el poder de poner fin a la pesadilla”, ya que “las disputas internas, la supremacía de los favoritismos particulares, la corrupción similar a la de sus rivales, su escaso arraigo, no les garantizan la oportunidad de aprovechar la situación y dar los pasos necesarios”.

Mayor desprecio no puede caber hacia los opositores en cuyo beneficio se pretende destruir un país. Esta oposición perniciosa es además minoritaria, pues el plan está dirigido contra “los ciudadanos de menores ingresos -quienes apoyan a los gobernantes actuales” –o sea, la mayoría democrática.
El almirante desarrolla su plan para exterminarla:“-Obstruir completamente las importaciones, y al mismo tiempo, desalentar a los potenciales inversionistas extranjeros a fin de contribuir a hacer más crítica la situación de la población -sobre todo en lo relativo al combustible, esencial para cualquier intento de recuperación de la economía nacional”. 
 

A fin de agravar la crisis que supuestamente quiere solucionar, el humanitario Comando Sur propone: “Alentar la insatisfacción popular incrementando la escasez y el alza en precio de los alimentos, medicinas y otros bienes, con la intención de provocar la deserción de los ciudadanos por todas las fronteras, poniendo en riesgo así la seguridad nacional de los países fronterizos. Causando víctimas y haciendo responsable al gobierno de ellas. Exagerando ante el mundo la crisis humanitaria a la cual ha sido sometido el país”. No se olvidan detalles: hay que estructurar un plan para lograr la profusa deserción de los más calificados profesionales, a fin de “dejarlo absolutamente sin profesionales”, lo que agravará todavía más la situación interna, y culpar de ello al gobierno.

Un “Golpe Maestro” no ahorra crímenes: “Incrementar la inestabilidad interna hasta un nivel crítico intensificando la descapitalización del país, la fuga de las divisas extranjeras y el deterioro de su base monetaria, provocando la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen su deterioro y que simultáneamente provoquen a los ciudadanos de menores ingresos -quienes apoyan a los gobernantes actuales- y a aquellos que están en mejor situación, a ver su status social como amenazado”. 

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No se le escapa al aprovechado almirante que a pesar de todas estas fechorías, una oposición minoritaria, sin poder, “de escaso arraigo”, sumida en “disputas, favoritismos y corrupción” seguramente será incapaz de arrebatarle el gobierno a la mayoría democrática. Por tanto, se impondrá la democracia minoritaria con los métodos más antidemocráticos: “Usar a los oficiales del ejército como una solución alternativa o definitiva… endureciendo las condiciones dentro de las Fuerzas armadas para que ejecuten un golpe antes de que acabe el año 2018”.

Pero Estados Unidos y cierta oposición llevan veinte años fraguando un golpe de Estado que nunca cuaja. Habrá entonces que derrocar al gobierno con fuerzas foráneas. A tal fin, urge Tidd “Apelar a los aliados domésticos, así como a otras personas insertas desde el exterior en la escena nacional a fin de que generen protestas, motines e inseguridad, saqueos, robos, asaltos y secuestros de transportes de naves y de otros medios de transporte, con la intención de sumergir al país en una crisis a través de las fronteras y otras posibles vías, dificultando de tal modo la Seguridad Nacional de los países fronterizos. Causando víctimas y haciendo al gobierno responsable de ellas. Magnificando ante el mundo la crisis humanitaria a la cual el país ha sido sometido”. “Avanzar en la instalación en bases de aeroplanos de combate y helicópteros, vehículos blindados, posiciones de inteligencia, y unidades militares especiales y logísticas (de policía y militares, fiscales de distrito y prisiones)”.
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O, para hablar más claro: la imposición por la fuerza bruta de ejércitos de ocupación extranjeros, pues los estadounidenses generosamente están dispuestos a sacrificar como carne de cañón ciudadanos de otros países latinoamericanos: “Comprometer a Brasil, Argentina, Colombia y Panamá para contribuir con un mayor número de tropas, para utilizar su proximidad geográfica y su experiencia en operaciones en regiones selváticas. Fortalecer su condición internacional con la presencia de unidades de combate de los Estados Unidos de América y los países citados, bajo el comando de un Estado Mayor conjunto dirigido por Estados Unidos”. Los estadounidenses estarán allí para fortalecer y comandar: que los desechables hispanos se quemen el pecho por ellos.

Se engañan entonces los opositores que anhelan una fotogénica invasión de rubios marines airosamente uniformados. Estados Unidos utiliza actualmente en sus guerras sucias los más inmundos mercenarios. Planea Tidd “Reclutar paramilitares principalmente en los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y el Norte de Santander, áreas densamente pobladas por ciudadanos colombianos que emigraron a Venezuela y ahora regresan huyendo del régimen, para intensificar las actividades desestabilizadoras en la frontera común entre ambos países. Hacer uso del espacio vacío dejado por las FARC, la beligerancia del ELN y las actividades en el área del Clan del Golfo. Preparar la involucración de fuerzas aliadas en soporte de los oficiales venezolanos para controlar la crisis interna, en caso de que estos retarden demasiado tomar la iniciativa”. También hay que “Continuar el fuego en la frontera común con Colombia. Multiplicando el tráfico de combustible y otros bienes. El movimiento de paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas. Provocando incidentes armados con las fuerzas venezolanas fronterizas de seguridad”.

El South Command viene por sangre; y para encauzar la inundación, hay que “Organizar el aprovisionamiento y el relevo de tropas y del soporte médico y logístico desde Panamá. Hacer buen uso de las facilidades de vigilancia electrónica y señales de inteligencia; de los hospitales y sus dotaciones desplegadas en Darién, los aeródromos equipados del Plan Colombia, así como de los campos de aterrizaje de las antiguas bases militares de Howard y Albrook, así como la perteneciente a Río Hato. En adición, el Centro Humanitario Regional de las Naciones Unidas, diseñado para situaciones d catástrofe y emergencia humanitaria, que dispone de un aeropuerto y de sus propios alojamientos”. 
 
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No hay canallada sangrienta sin hipocresía leguleya. Para aniquilar un país que no ha agredido a nadie, según Tidd se debe: “Desarrollar la operación bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de Ejércitos Americanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión en el contexto legal y mediático del secretario general Luis Almagro. Declarar la necesidad de que el comando continental sea fortalecido para actuar, utilizando el instrumento de la Carta Democrática Interamericana, a fin de evitar la ruptura del orden democrático”. Y en fin, “Promover la solicitud del envío de una fuerza militar de la ONU para la imposición de la paz”. 

En resumen: Masterstroke planea asaltar Venezuela, la nación que libertó cinco países latinoamericanos, con una horda de ejércitos extranjeros. ¿Le habrá contado alguien a Kurt Tidd que existe un veto en el Consejo de Seguridad de la ONU que puede detener esta canallada? Este era también el Plan Maestro de Inglaterra, Alemania e Italia cuando con quince acorazados bloquearon, asaltaron y saquearon nuestras costas en 1902. A la voz de “La Planta Insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria” acudió un ejército de cien mil voluntarios, y los imperios se retiraron, hasta el día de hoy y por los siglos de los siglos, Amén.


Elige con quién estás hoy.

Barómetro Internacional / Escuela Bolivariana del Poder Popular
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Los evangélicos, Trump y la diáspora judía estadounidense

"El antisemitismo evangélico no entra en absoluto en conflicto con su sionismo, puesto que quieren que toda la gente judía abandone los países en los que se encuentran (incluyendo los Estados Unidos) para ir a Israel. Tras Armageddon, todos los judíos reunidos en Israel que no se hayan convertido a la versión evangélica del cristianismo arderán en el infierno."

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Barry Sheppard

El 14 de mayo, mientras tiradores de élite israelíes cometían una masacre en Gaza, Trump inauguraba simbólicamente la embajada de los Estados Unidos en Jerusalén [estaban presentes para representarle su hija Ivanka y Jared Jushner]. El Primer Ministro israelí Netanyahu, también presente en la ceremonia, felicitaba calurosamente a Trump. Dos pastores protestantes participaban también, uno para entonar la oración de apertura, el otro para la oración de cierre.

Estos dos ministros provienen de los evangélicos cristianos blancos de extrema derecha. Ambos son muy conocidos por su antisemitismo declarado y su apoyo a Israel. Se habría podido suponer que Trump les había convocado para esta inauguración con el objetivo de reafirmar a su base entre los evangélicos blancos, y que Netanyahu aceptó su presencia a la vez que la desaprobaba tácitamente dado su antisemitismo

Pero esta hipótesis es errónea. Estos pastores representan, en efecto, no solo a un sector de la base de Trump, sino también a un sector de la base de Netanyahu en los Estados Unidos. Según un reciente artículo del New York Times, el apoyo de estos evangélicos blancos de derecha se ha vuelto más importante para el establishment israelí que el de los judíos estadounidenses.

Un artículo de Moshe Machover (1), un judío israelí antisionista que vive actualmente en Gran Bretaña, publicado en el Weekly Worker, afirma que la relación entre los judíos estadounidenses e Israel se vuelve cada día más tensa. Esta tensión ha aumentado bajo el gobierno de derechas de Netanyahu.

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Durante muchos decenios, la mayoría de las personas judías estadounidenses han apoyado de forma acrítica la política de Israel. Por supuesto, ha habido siempre un abanico de diferentes puntos de vista entre los judíos estadounidenses a propósito de Israel. La gente judía de izquierdas, en particular la socialista, se ha opuesto desde hace mucho a la opresión del pueblo palestino por Israel. Nuevas organizaciones de defensa de los derechos de los y las palestinas, como la Jewish Voice for Peace (JVP), se han desarrollado rápidamente durante el último decenio y su audiencia ha aumentado. A raíz de la masacre de Gaza, la JVP ha organizado, con organizaciones árabes y otras, unas 75 manifestaciones en ciudades de todo el país.

En el otro extremo del abanico, estaban los partidarios de la línea dura del gobierno de Israel. Pero, según Machover: “un abismo creciente -que se parece más a un cisma- se ha creado en el seno de esta parte de la comunidad judía que ha sido prosionista y muy ardiente en su apoyo a Israel, pero que se aleja ahora muy rápidamente […]. La cita siguiente, publicada el 18 de abril, no es una de las más extremas. Es muy reveladora, pues viene de Jane Eisner, redactora jefa del más importante periódico judío estadounidense, Forward…. Debido a su posición, escribe muy discreta y diplomáticamente. El título de su artículo es: “Es hora para Israel de reconocer que los judíos de la diáspora están ya en su casa”. Es algo que los sionistas no quieren oír”.

“El artículo comienza así: “El Estado de Israel tiene 70 años -bastante más allá de sus dificultades de crecimiento; está fuerte, confiado y seguro. Los judíos de América del Norte siguen estando ahí -fuertes, confiados y seguros a su manera. Pero la relación entre los dos mayores comunidades judías del mundo es cada vez más tensa, y en este día del aniversario de la independencia, es objeto de numerosos debates sobre la cuestión de saber si -y cómo- esta relación podría ser restaurada algún día”. Es el lenguaje más fuerte que se atreve a utilizar”. 

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Organización cristiana evangélica premia a presidente de Guatemala por trasladar su embajada a Jerusalén

Otro artículo de un miembro del comité de redacción de Forward citado por Machover es titulado “Mi sionismo se debilita con cada expulsión”. Se refiere a la expulsión de militantes de derechos humanos por Israel. El artículo comienza así: “Tengo la impresión de estar sobre un banco de hielo que estaría fundiéndose. Durante decenios he amado a Israel. Quiero que prospere como país ilustrado y respetuoso de los derechos humanos. Y sin embargo resulta que cada día me resulta más imaginable un día en el que yo (o quizás mis hijos) no querría ya ir allí”.

Machover añade: “Otro artículo que he leído recientemente se titula: “Avergonzado de ser judío”. No pienso que estas personas lo piensen verdaderamente, pero las acciones de Israel tienen ciertamente un efecto sobre la gente judía estadounidense”.

Otro factor es que a la mayor parte de la gente judía de los Estados Unidos no le gusta Trump y su racismo, ni el antisemitismo de sus partidarios Alt-Right (derecha y extrema derecha en EEUU ndt). Recordad la marcha nacionalista blanca en Charlottesville, en Virginia, en la que la gente que se manifestaba gritaba “los judíos no nos reemplazarán”. Trump dijo que había “buena gente” entre esos manifestantes. Los y las judías estadounidenses temen también, con razón, el antisemitismo de los evangélicos pro-Trump. Otro artículo de Jane Eisner declara sin ambages: “Israel puede apreciar la política de Trump, pero constituye un desafío para los valores americanos -y judíos”. 

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Intenso impulso de los Evangélicos de EE.UU. en la decisión de Trump sobre Jerusalén

Presidente Trump: «Nuestros derechos vienen de Dios» 

Machover añade: “Querría subrayar la dimensión religiosa de esta escisión. Un reciente editorial (18 de mayo) en el periódico israelí Haaretz explica que Netanyahu cometía un enorme error al colocarse al lado de los evangélicos contra la mayor parte de los judíos estadounidenses […]. Pero no es la única dimensión religiosa de la escisión […]. La aplastante mayoría de los judíos estadounidenses practicantes están alineados en una perspectiva de reforma, bajo una forma liberal o más conservadora del judaísmo. Por el contrario, en Israel, el rabinato estrictamente ortodoxo tiene el monopolio de todas las cuestiones religiosas judías. Insultan a menudo a las judías estadounidenses que visitan Israel y quieren rezar ante el muro del Monte del Templo. Mientras que los y las judías americanos […] rezan juntos, el rabinato ortodoxo no lo permite. Así, cuando las mujeres quieren rezar ante el muro sagrado, son expulsadas. ¡Es la persecución religiosa de los judíos por Israel! […].

Para coronarlo todo, el gobierno israelí propone ahora un proyecto de ley que concederá a los tribunales rabínicos israelíes el poder sobre las personas judías no israelíes. Esto no sería muy bien recibido entre la población judía de los Estados Unidos”.

A medida que estos lazos se debilitan, el establishment israelí considera cada vez más a los evangélicos como una base entusiasta de apoyo en el seno de la población estadounidense, como muestra la acogida de sus representantes por Netanyahu durante la apertura de la embajada de los Estados Unidos. El número de evangélicos americanos era mucho más elevado que el de judíos estadounidenses.

Desde hace decenios la política estadounidense asegura un apoyo militar, financiero y político a Israel como puesto de vanguardia del imperialismo en Medio Oriente. El sionismo de los evangélicos está fundado en su creencia de que la vuelta de los judíos a Palestina y la creación de Israel representan el cumplimiento de una profecía bíblica y son necesarios para la llegada de Armageddon [una batalla catastrófica, eventualmente planetaria], pero esta creencia se compagina muy bien con la política estadounidense.

El antisemitismo evangélico no entra en absoluto en conflicto con su sionismo, puesto que quieren que toda la gente judía abandone los países en los que se encuentra (incluyendo los Estados Unidos) para ir a Israel. Tras Armageddon, todos los judíos reunidos en Israel que no se hayan convertido a la versión evangélica del cristianismo arderán en el infierno.

Según Machover, este antisemitismo evangélico, y el antisemitismo actual bajo la presidencia de Trump, es “algo que la gente judía detesta”. “Sin embargo, Netanyahu no se preocupa por este antisemitismo que hace estragos en los Estados Unidos -o en otras partes del mundo. Para él, tanto mejor para Israel, puesto que anima a un mayor número de judíos a “volver” a Israel. No es exactamente una actitud que la gente judía de los Estados Unidos aprecie”.

Barry Sheppard es miembro de Solidarity en el Área de la Bahía de San Francisco.

Nota de A l´encontre:
1/ Moshe Machover nació en 1936 en Tel Aviv. Es matemático de formación. Fundó en 1962 la organización socialista Matzpen. Enseñaba matemáticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se desplazó a Londres en 1968, donde ha enseñado lógica matemática en el King´s College de Londres y filosofía en la Universidad de Londres. 

Rebelión-Viento Sur / Escuela Bolivariana del Poder Popular
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