El Vaticano al Descubierto: la Iglesia Católica se opuso a la independencia y emitió dos encíclicas contra Simón Bolívar


El libro "El Vaticano al descubierto", escrito por Ronald Muñoz


13 de julio 2010.- “Hay algunos que nacieron para ser millonarios y otros para ser pobres, pero una vez que mueran (los pobres) llegarán al cielo y encontrarán la felicidad”. Esta es una idea muy común. La gente la repite de generación en generación. Fue inculcada por la Iglesia Apostólica y Romana desde hace siglos. Sin embargo ¿sabía usted que si el Vaticano vendiera solamente las obras de arte que posee en su museo en Roma acabaría con el hambre en el mundo? Además ¿se le hubiera ocurrido que la Iglesia Católica emitió una encíclica contra el Libertador Simón Bolívar? ¿O que apoyó en el pasado los gobiernos fascistas de Europa y las dictaduras en América?

Estas y otras interrogantes fueron las que motivaron a Ronald Muñoz, oriundo de La Pastora y creyente católico de niño, a hacer una investigación para descubrir lo que nadie le explicaba. Es así que escribe el libro El Vaticano al descubierto, un ensayo que cuestiona los dogmas y mitos de una de las instituciones más poderosas del mundo.

—¿Cuál ha sido el rol de la Iglesia en la historia?

—Ha sido fundamentalmente un controlador social de que se han valido las élites que han detentado el poder político y económico contra los pueblos oprimidos.

—¿Como se demuestra eso?

—Durante el feudalismo la Iglesia Católica fue el epicentro de la superestructura del modo de producción feudal. A su conveniencia, crean la doctrina del derecho divino de los reyes, según la cual si estás contra el Rey estás contra Dios, que es la base de las monarquías europeas. Esto permite que el Papa se convierta en una especie de emperador del mundo que mediaba en las guerras, controlaba la vida civil, la geopolítica y delimitaba los territorios. Quien delimitó el continente americano fue la Iglesia Católica.

—¿Cuál fue su actuación durante las guerras de independencia en América?

—Fue el pilar de la colonización y la conquista contra la población autóctona. Crearon mitologías religiosas que legitimaban la conquista, como por ejemplo las apariciones de las vírgenes. En todos los casos son historias donde los indígenas terminan sometidos a la dominación española.

—¿La Iglesia apoyó el fascismo en Europa en el siglo XX?

—Apoyaron al caudillo Franco en España. De hecho, le dicen el caudillo por la gracia de Dios. Apoyaron todas las dictaduras de ultraderecha, todas, incluyendo la de Hitler. Es un hecho histórico la visita del papa Juan Pablo II a Chile durante la dictadura de Pinochet. Pese a que ellos cuando cae cualquier dictadura se presentan como que lucharon contra ella. Aunque algunos relatos hablan de que durante la dictadura de Pérez Jiménez el Cardenal la rechazó, en la semana de la patria bendecían con Te Deum al dictador.

—¿Qué opina de la polémica entre el presidente Chávez y el Cardenal?

—El primer punto interesante de esta polémica es que el Cardenal asusta con el coco, o sea, dice que el presidente Chávez está haciendo mal porque nos quiere llevar a un modelo comunista, pero no explica qué es comunismo porque ese es un debate que nunca se dio. Otra vez actúa como reproductor de la ideología capitalista.

—¿Esa estrategia de acuerdo a lo que tú mismo has dicho parece no ser nueva?

—Es la misma de siempre. Si lees el libro te vas a encontrar muchas citas donde acusan a la gente de comunista, pero como actúan dentro de un engranaje de manipulación y control social a favor del sistema capitalista, reproducen uno de los pilares ideológicos del capitalismo, que es decir que el comunismo es malo.

—¿En Venezuela hay una revolución marxista?

—No, está mintiendo, sabe muy bien que nosotros no estamos en este momento realizando ninguna revolución marxista. En Venezuela se ha dado un proceso revolucionario de liberación nacional que tiene elementos del socialismo, de reivindicación social, un fuerte componente de nacionalismo. Pero de allí a asustar a la gente diciendo que aquí hay un comunismo, el Cardenal miente porque sabe que no es cierto. Ellos conocen muy bien de teoría política, saben qué es el marxismo. Están mintiendo y no es primera vez que lo hacen. La Iglesia Católica tiende a acusar de comunista y marxista a cualquiera que hable de reivindicaciones sociales y justicia social.

—¿Por qué a la Iglesia no le convienen las reivindicaciones sociales?

—Porque forma parte de la élite capitalista. La Iglesia Católica es terrateniente, tiene empresas, gana miles de dólares al año y junto a la televisión, el cine hollywoodense y la radio forman parte de un engranaje de controladores sociales que existen para mantener a la gente sometida y hacerle creer que el capitalismo nunca se va a acabar y que lo normal es que haya algunos que manden y otros que obedezcan, que hay algunos que nacieron para ser millonarios y otros para ser pobres, pero que en el reino de los cielos encontrarán la felicidad, pero mientras llegan al cielo, aquí en la tierra un grupo de corporaciones transnacionales se reparten las riquezas del mundo y entre esas corporaciones está el Vaticano S.A. que es una empresa que existe y maneja miles de millones de dólares en el mundo, participa en la Bolsa de Roma, en Wall Street. De hecho el Vaticano tiene uno de los museos más costosos de todo el mundo. Solamente con vender las obras de arte que están en ese museo podrían desarrollar un plan para desaparecer la pobleza en el mundo, pero no lo hacen porque no les interesa eso. Les interesa mantener su posición privilegiada, que el mundo siga como está, que existan unos pocos que exploten a una gran mayoría.

—¿Esto explicaría la posición de la Iglesia ahora?

—Se explica porque este es un gobierno que está contra los intereses transnacionales del imperialismo y del poder económico transnacional.

Cuatro ediciones

En El Vaticano al descubierto, el autor hace una cronología desde la fundación del catolicismo y la constitución del papado como eje fundamental de las monarquías europeas. Con cuatro ediciones, muestra el papel de la Iglesia en la colonización de América y como instrumento ideológico subyugador de los pueblos originarios, así como su oposición a la guerra de independencia en Venezuela. También se pasea por la posición “zigzagueante” del clero durante el fascismo en Europa y las dictaduras americanas del siglo XX.

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Dos encíclicas emitidas contra Bolívar

El libro de Muñoz publica dos encíclicas en las que la Iglesia Católica se opone a las luchas independentistas y su líder Simón Bolívar.

En la encíclica Etsi longissimo (1816) el papa Pío VII afirma: “Sobre los dramáticos hechos que por largos años ensangrentaron la América meridional tendida a realizar la misma independencia (provocada sobre todo por los escritos y la acción de Simón Bolívar), el pontífice Piadoso VII, escarmentado y víctima de los sufrimientos agotados a causa de la degeneración de otra revolución, invita los obispos a plantearles a los fieles los graves y terribles daños que pueden derivar de las rebeliones”.

En 1824, el papa León XII emitió otra en la que exhorta a los obispos a “ilustrar a su rebaño” sobre las virtudes del rey Fernando VII: “Nosotros estamos persuadidos firmemente que vosotros, con la ayuda de Dios, sabréis conducir a buen fin este deletreo incómodo si ilustraras a vuestro rebaño las augustas y distinguidas virtudes de Nuestro querido hijo en Cristo Fernando, Rey Católico de España”.

Carolina Hidalgo - CiudadCCS / Escuela Bolivariana del Poder Popular

¿Quién fundó la Iglesia Católica?

Sócrates Piñango 

Moneda de Constantino con el dios Mitras al reverso

El titulo de Sumo Pontífice fue utilizado por vez primera por el Emperador Octavio Augusto quien durante el siglo I A.C. se denominó a sí mismo Sumo Pontífice, pero de los dioses romanos, oficializando que en lo sucesivo a los Emperadores Romanos, además de ser emperadores ocuparían también la función de Sumo Pontífice.

Sumo Pontífice es una denominación original de la lengua latina que era la lengua oficial del Imperio Romano. El latín ha sido la lengua oficial de la Iglesia Católica Apostólica Romana durante 17 siglos de existencia. No obstante, Jesús hablaba en arameo, como estudioso de las leyes de la Tora, también conoció profundamente el hebreo y el sánscrito pero Jesús no utilizaba el latín. La explicación de todo esto es que Jesús no fue el fundador de la Iglesia Católica Apostólica Romana, de hecho como lo corroboran las fuentes históricas Jesús condenaba las estructuras clericales de su época. La Iglesia Católica Apostólica Romana fue fundada por el Emperador Romano Constantino en el año 313 d.C. de acuerdo al edicto de Milán. Para aquel entonces Roma competía con otras dos ciudades como epicentro de la cultura cristiana: Antioquia y Alejandría, cada una con un patriarca propio, para acabar esta situación y aprovechando la ventaja que le daba su alianza con Constantino. Cuando el Emperador Constantino convoca el primer concilio de la Iglesia Católica (concilio de Nicea) fue con la finalidad de unificar criterios en torno a la figura de Jesús y su doctrina pero a conveniencia de la Iglesia Católica como religión. Para aquella época existía dentro de los territorios romanos un buen grupo de religiones y cultos aceptados que gozan de mucha popularidad, los cuales fueron adaptados a la religión católica para darle continuidad. Relacionado a esto conviene mencionar algunas de ellas:

Tammuz: Proviene de Siria y Babilonia relacionado con el Adonis griego que era el Dios de las antiguas enseñanzas mistéricas de Fenicia y Summer, nació de una virgen, murió con una herida en el costado y resucitó al tercer día dejando su tumba vacía con la piedra a un lado.

Horus: Es uno de los dioses del antiguo Egipto, hijo de la Virgen Reina de los Cielos, nació el 25 de Diciembre, la imagen de Horus en forma de niño recién nacido, recostado sobre un pesebre, era expuesta a la adoración.

Sol Invictus: El Dios Sol, de origen Sirio fue introducido en el siglo III, se celebraba el nacimiento de este Dios el 25 de Diciembre.

Mitra: Originario de Persia, alrededor de 600 años antes de la era cristiana, profetizaba un juicio final, con una resurrección de la carne. Nació en una gruta el 25 de Diciembre en la cual los pastores acudieron hacerles regalos. Mitra también nació de una Virgen y finalmente fue perseguido y asesinado, resucito al tercer día.

Imagen de Isis y Horus a la izquierda; y la virgen María con Jesús

A decir verdad una cantidad de dioses antiguos había nacidos el 25 de Diciembre y muchos otros resucitados al tercer día. Para analizar lo anterior razonemos las escrituras bíblicas. La palabra templo es utilizado mucha veces de manera simbólica para referirse al cuerpo humano. 

Ejemplo lo tenemos en San Juan 2:21 la cual dice “Mas él hablaba del templo de su cuerpo”. Además no es igual decir “Sobre esta piedra edificarás tu Templo” a decir “Sobre esta piedra edificaras tu Iglesia”, dado que la palabra Iglesia o Ecclesia es de origen griego. Por el contrario, la palabra Templo se refiere específicamente al Templo Judaico o Sinagoga, en todo caso de manera simbólica al cuerpo humano. Todos los indicios nos llevan a pensar que este versículo pudiera haber sido agregado o incluso alterado con propósitos definidos a conveniencia de la Iglesia Católica. En los hechos de los Apóstoles queda claro que los seguidores de Jesús se reunían en Sinagogas Judías y no en algún nuevo tipo de Iglesia.

Que vuestro corazón no se turbe. Creéis en Dios, creed también en mí. Hay muchas moradas en la casa de mi Padre; si así no fuera, yo ya os lo hubiera dicho, porque me voy a preparar el lugar para vosotros y después que me fuere, y os prepare el lugar, vendré otra vez, y os tomare a mi mismo, para que en donde yo este, estéis también vosotros (San Juan, Cáp. XIV, v. 1,2,3) 

Fuentes: 

Ronald Muñoz, “El Vaticano al Descubierto”

Henry Verbist, Las grandes controversias de la Iglesia, 1973.

Héctor Ruiz Núñez, La cara oculta de la Iglesia, 1991.

"Mientras la Iglesia Católica ataca al proceso revolucionario, nosotros hacemos misas"


La Iglesia Católica y el Proceso Revolucionario

 


La Iglesia Católica fue pilar de la conquista y colonización de nuestro continente aportando el elemento ideológico de dominación a través de la implantación violenta de un dogma religioso: o se aceptaba a cristo como "salvador" y a las autoridades españolas a se pagaba con la vida.

Ante la aparición de los libertadores de América, el principal oponente fue precisamente la Iglesia Católica que, sostenía con su manipulación político-religiosa la existencia de unas fuerzas realistas que recibieron muy poco apoyo desde España y que estaban conformadas mayoritariamente por soldados nacidos en este continente, que gracias a la influencia católica luchaban para mantener a una monarquía, que creían elegida por "Dios" mediante el "derecho divino". 

Una vez desarrollado el Capitalismo, y la miseria y pobreza provocadas por este, surgió también la izquierda. Los grandes pensadores del socialismo con sus planteamientos, lograron captar la atención mayoritaria las clases trabajadoras. Gracias a este despertar, fueron surgiendo sindicatos por doquier, sindicatos sin medias tintas que planteaban de lleno su oposición directa e irreconciliable contra el miserable sistema capitalista. De haber continuado todo por esta senda talvez el Capitalismo ya no existiera... Pero algo ocurrió que estaba fuera de los cálculos de mas de uno: La Iglesia Católica, a través de "su santidad" León XIII promulgó se encíclica "Rerun Novarum" en la que atacó al socialismo, y desvirtuó por completo la lucha de los trabajadores contra la elite explotadora convirtiendo todo en un pequeño asunto conciliación entre clases.

A raíz de esta encíclica y con toda la influencia ideológico-religiosa de la Iglesia, aparecieron los sindicatos "social-cristianos" que ya no planteaban una critica directa contra el capitalismo, sino que luchaban solo por algunas mínimas reivindicaciones: el daño estaba hecho.

Durante el siglo XX la Iglesia católica fue la principal aliada de las mas sanguinarias dictaduras de ultraderecha como Mussolini, Hitler o Franco, en América Latina hicieron lo propio apoyando las regímenes como el de la Junta Militar Argentina o el de Pinochet en Chile. Y por su puesto lo hicieron en Venezuela con los gobiernos de Gómez y Pérez Jiménez. Cuando el Imperialismo decidió promover gobiernos títeres disfrazados de "democracias" fue nuevamente la Iglesia uno de sus grandes baluartes.

Este año, en plenas fiestas decembrinas la Conferencia Episcopal se dedicó a hablar todos los días de "presos políticos", utilizando -como siempre- su Asamblea anual para apuntalar todas las matrices de opinión del gran capital en contra del gobierno revolucionario, atacando la sentencia del TSJ y diciendo que la actuación de los poderes públicos en nuestro país es "moralmente inaceptable". No es casualidad que todos los intentos de guarimbas con estudiantes de derecha salen de las universidades Católicas en cada estado.

Lo que si es "moralmente inaceptable" es que una organización como la Iglesia Católica, hable pistoladas ahorita sobre "libertad" y democracia" cuando durante décadas -en tiempos en los que aquí si se mataba gente por su pensamiento político y se reprimía de verdad al pueblo- ellos se hacían de la vista gorda, negaban la violencia de estado, legitimaban el sistema establecido y criminalizaban las legitimas luchas del pueblo.

Parte de esa manipulación milenaria está su afirmación de que todos "somos Iglesia". Pero la realidad es que no, todos no somos Iglesia. La Iglesia Católica -la única que existe- tiene una cabeza reconocida: el Papa, este ejerce la máxima jerarquía dentro de la escala católica. La Iglesia tiene además sus instancias de poder, junto con el Papa existe un Secretario de Estado en el Vaticano, y además un Secretario de Prensa, los cuales pueden ejercer la vocería de la Iglesia. Pero además la Iglesia cuenta en cada país con un embajador personal del Papa denominado “Nuncio Apostólico” y una Conferencia Episcopal, estas instancias ejercen la vocería autorizada de la Iglesia Católica en cada uno de los países donde el catolicismo existe. De manera que si un sacerdote expresa un punto de vista y este discrepa del punto vista de la Conferencia Episcopal de ese país, la Conferencia Episcopal dirá que “ese sacerdote puede decir lo que quiera pero esa es su opinión, la nuestra en cambio es la posición de la Iglesia”. Este método es el que se emplea comúnmente en lo concerniente al debate político ya que ¡toda la alta jerarquía eclesiástica católica está vinculada a las oligarquías locales y trasnacionales, y al pensamiento político de derecha y ultraderecha!. La designación de quienes serán cardenales emana siempre de una elite clerical conocida como la Curia Romana y debe ser aprobada por el Papa que a su vez viene de ser Cardenal, es decir: no existe posibilidad de que algún pensador revolucionario o con algún vestigio de pensamiento de izquierda llegue al rango de Cardenal, mucho menos al de Sumo Pontífice.

Por si fuera poco todo lo anterior, la cúpula de la Iglesia tiene el control de todas las propiedades de la Iglesia Católica, y lo que es peor: tiene el control absoluto del dogma y la doctrina. La Iglesia Católica es pues la organización más antidemocrática de todas: millones de personas se denominan como católicas pero todas las decisiones económicas, políticas y doctrínales son tomadas por un grupo de personas que viven rodeados de lujos en suntuosos palacios dentro de la ciudad de Roma y que tienen una clara direccionalidad política.

Demás queda recordar que el Vaticano gana miles de millones de dólares al año invirtiendo en las principales bolsas de valores del mundo sin que hasta ahora hayan tomado ese dinero para repartirlo en una misa. Bastaría con vender las obras de arte que se encuentran en el Museo del Vaticano para realizar grandes acciones en pro de la humanidad. Por el contrario, las obras de acción social que la Iglesia ejecuta en casi todos los piases son subsidiadas por los gobiernos de esos países, no por la millonarias ganancias del Vaticano y de paso, tienen siempre como finalidad encubierta en control ideológico sobre la población.

Y mientras la Iglesia Católica tiene como política atacar al proceso revolucionario nosotros hacemos misas.

No pedimos que se niegue la espiritualidad inherente en el ser humano, por el contrario, planteamos que se promuevan por igual todos los cultos: pero no puede ser el Estado el promotor directo y principal de una sola religión. Si se van a realizar ceremonias religiosas por la salud del comandante o por la razón que sea, que no esté solamente un sacerdote católico, sino representantes de todas las religiones y cultos existentes en nuestra nación, incluyendo con especial importancia los representantes de la tradiciones indígenas pre-hispánicas contenedoras de un nivel de sabiduría espiritual muy superior al que puede demostrar la mayoría de las doctrinas llegadas aquí desde Europa como efecto de la conquista y la colonización, que plantean una visión terrorífica de un dios que es juez y verdugo y que, mediante un juicio decide quienes son los "elegidos" que van al cielo y los muchos que irán a un fuego eterno.

Revolución no es solo ganar elecciones, es preciso avanzar en términos de la construcción de una nueva cosmovisión colectiva del mundo, que implique una forma de espiritualidad acorde con el modelo de sociedad justa que deseamos erigir.

Aporrea / Escuela Bolivariana del Poder Popular

PEDERASTIA CATÓLICA: "hay tantos menores que están de acuerdo con los abusos y que, incluso, te provocan"

Ratzinger ordenó silenciar los abusos a menores bajo amenaza de excomunión

La hipocresía de Benedicto XVI y el silencio cómplice de los medios 

C. Venaya


No resulta difícil imaginar la rabia que deben haber sentido las víctimas de los abusos sexuales cometidos por curas católicos, tras escuchar las declaraciones efectuadas por Benedicto XVI con motivo de su viaje a los EE.UU. Según recogió con grandes titulares la prensa internacional, Joseph Ratzinger llegó a Washington - donde le esperaba George W. Bush - con un "mensaje de disculpas por los abusos sexuales contra menores perpetrados por algunos sacerdotes en este país". Con este impreciso adjetivo, oportunamente seleccionado, Ratzinger se estaba refiriendo a los más de 4.300 curas que - según un informe publicado recientemente - estuvieron implicados en Estados Unidos en este tipo de delitos, desde la década de los 50.

En los EE.UU., como en Irlanda o Canadá, un enorme número de casos de pederastia comenzó a salir a la luz en el 2002, dando lugar a una serie de escándalos mediáticos y sentencias por las que la Iglesia se ha visto obligada a pagar millonarias indemnizaciones a las víctimas. Éstas son mayoritariamente varones, y en muchos casos niños impúberes en la época en la que sufrieron vejaciones sexuales de todo tipo. Por supuesto estos países no son los únicos en los que se han producido tales abusos en escuelas dirigidas por órdenes eclesiales católicas. En España, sin ir más lejos, donde el control de la escuela por parte de la Iglesia fue absoluto durante más de cuatro décadas, no es difícil escuchar a antiguos alumnos de estos centros relatar cómo sufrieron tocamientos u otras agresiones sexuales. Pero aquí, como en Italia, el poder que todavía ejerce la Iglesia Católica sobre las instituciones ha hecho que un férreo silencio amordace una historia que algún día, sin duda, tendrá que ser contada. 

Mientras volaba hacia los Estados Unidos, Benedicto XVI declaró, con la naturalidad de quien pretende fingir inocencia, que los escándalos de pederastia fueron "una vergüenza que no se debe repetir". Según manifestó el cabeza de la Iglesia romana, los casos referidos habían supuesto "un gran sufrimiento para EE.UU., para la Iglesia y para mí, personalmente". "No comprendo cómo esto pudo suceder", agregó con aparente pesar Ratzinger a los periodistas que le acompañaron en el avión.

La realidad, sin embargo, es otra bien diferente. Joseph Ratzinger es consciente de que durante años miles de pederastas fueron encubiertos y protegidos de la acción de la Justicia por las supremas jerarquías de la Iglesia. Esta complicidad de sus superiores, el sistemático encubrimiento por parte de la Jerarquía de los curas pederastas, permitió que éstos continuaran abusando impunemente de varias generaciones de niños y adolescentes, tanto norteamericanos como irlandeses. Para evitar el escándalo, la Iglesia utilizaba el procedimiento de enviar a los pederastas denunciados a otros destinos donde nuevos menores volvían a sufrir los abusos de los clérigos viciosos. Existen numerosas sentencias judiciales y documentos que prueban lo que afirmamos. Sólo a modo de ejemplo ilustrativo se puede mencionar el caso de Bernard Law, arzobispo de Boston, que tuvo que dimitir en el año 2002, después de que cientos de casos de delitos sexuales que él había ocultado saltaran a los titulares de la prensa. De manera similar actuaron el arzobispo de la diócesis de San Juan de Terranova (Canada), Alphonsus Penney y el de Cardiff (Irlanda), John Aloysius Ward, entre otros muchos dignatarios de la Iglesia de Roma. 

La "ley del silencio" en casos de este tipo ha sido siempre una norma en la Iglesia Católica. Pero en las incidencias concretas que se produjeron en los Estados Unidos los encubridores no actuaron por cuenta propia. Fue el mismísimo Benedicto XVI - entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe - quien ordenó silenciar los abusos a menores. En una carta recuperada por el semanario The Observer y fechada en mayo de 2001, Joseph Ratzinger ordenaba a todos los obispos que dispusieran las medidas necesarias para mantener en total secreto las investigaciones que involucraban a sacerdotes en este tipo de prácticas deleznables.

Quien hoy está al frente de la Iglesia Católica e imparte doctrina moral urbi et orbi - condenando o salvando con el respaldo del Espíritu Santo - exigía a su subordinados que ocultaran los casos de pederastia a la justicia ordinaria. En la aludida misiva, Ratzinger reclamaba para la Iglesia la jurisdicción de este tipo de delitos "perpetrados por un clérigo contra un menor". "Casos de estas características son materia de secreto pontificio" - escribía Joseph Ratzinger de su puño y letra - advirtiendo que quien rompiera ese secreto durante el plazo de 10 años sería castigado y"posiblemente sufriría la excomunión". La orden del cardenal fue acatada con la obediencia que corresponde a la religiosidad de su grey. Pero esta complicidad con los delincuentes no pudo impedir que los abusos sexuales rompieran la penumbra con la que Ratzinger intentó envolverlos y la verdad terminó abriéndose camino. 

Hoy, transcurridos algunos años desde que aquel severo custodio de la Doctrina de la Fe pretendiera impedir que sus sacerdotes comparecieran ante la "justicia de los hombres", Joseph Ratzinger intenta borrar sus responsabilidades afirmando que "tenemos que hacer todo lo posible para que estos abusos no vuelvan a suceder". Resulta significativo, no obstante, que Ratzinger no haya manifestado explícitamente en los EE.UU. la disposición del Vaticano a colaborar con los tribunales que continúan investigando los delitos de pederastia cometidos por sacerdotes en este país. Sucede que, pese a la gran ceremonia mediática que el papa Benedicto ha protagonizado junto a Bush estos días en la capital del Imperio, con la colaboración siempre sumisa de los grandes medios de comunicación, la Iglesia católica continúa protegiendo con santa obstinación tridentina a sus pederastas. Algunos de ellos, reclamados judicialmente en los EE.UU., siguen encontrando hoy un confortable cobijo tras las verjas del Vaticano. Diríase que, en el fondo, la Iglesia de Roma no ha acabado de asumir la culpabilidad de muchos de sus numerosos pastores perversos. Y es que, al fin y al cabo, "hay tantos menores que están de acuerdo con los abusos y que, incluso, si te descuidas te provocan". ¿O no fue eso lo que dijo el Obispo de Tenerife, don Bernardo Álvarez?

Canarias-semanal.com / Escuela Bolivariana del Poder Popular

Vaticano en crisis: ¿llegan o no llegan los cambios?

Vaticano
El papa Benedicto XVI anunció que dejará su ministerio el 28 de febrero. “Ya no tengo fuerzas para seguir”, dijo el Papa en su renuncia. Es cierto que la edad y los achaques pesan y puede ser que esas sean las razones reales y únicas de la abdicación del Papa; pero podría ser también, dice Pedro Miguel, que la burocracia vaticana haya sopesado los saldos de desastre del papado de Ratzinger y que optara por hacer lo que hacen los consejos de administración con un gerente inepto: pedirle la renuncia.

El hecho es que durante el papado de Ratzinger no se resolvió uno solo de los graves problemas heredados y acumulados; por el contrario, varios se agravaron y complicaron.

El más escandaloso es, sin duda, el del encubrimiento de los agresores sexuales que pululan en las filas del clero católico y cuya impunidad mayoritaria constituye el más flagrante agravio contra la feligresía, que no sólo han alejado del catolicismo a muchos fieles, sino han minado la autoridad de la Iglesia católica y su capacidad para hacer frente a la expansión de otras confesiones

Otro motivo es la estructura rígida que ha mantenido la Iglesia en sus principios y doctrina. No ha querido otorgar ninguna apertura ante la sensibilidad de la cultura moderna. Más bien se ha encerrado y ha sido poco accesible a las demandas de mayores espacios a las mujeres, ser más benevolente ante los homosexuales, más compasiva ante las nuevas formas de pareja y más abierta a las prácticas de la sexualidad. Sobre todo las mujeres sienten en el catolicismo una amenaza para su cuerpo y su libertad, indica Bernardo Barranco V.

En suma, la abdicación de Ratzinger rubrica el tiempo perdido de este papado y pone de manifiesto el evidente desgaste del consenso conservador que colocó a Benedicto XVI en la silla pontifical en 2005.

El pacto que llevó a Joseph Ratzinger al trono de San Pedro se ha fracturado y se están realineando fuerzas

No hay sorpresa absoluta en el anuncio de su renuncia. Su dimisión la llevaba rumiando desde hace tres años. Y se lo hizo saber al periodista alemán Peter Seewald, en marzo de 2010, declarando que cuando un Papa sabe que “no puede llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir”.

Y la Iglesia no se puede llamar sorprendida, cuando en el cónclave de 2005 eligió a un pontífice anciano, un “Papa de transición”, se decía entonces. La agonía tan larga de Juan Pablo II, posibilitó que los diferentes grupos llegaran a un pacto casi unánime de elegir a su sucesor.

La Iglesia estaba sumida en una grave crisis de prestigio, y la solución exigía conocimiento del problema y mano firme. Ratzinger era el hombre. Había sido hasta entonces presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición).

Dicho pacto sumaría a los poderosos movimientos y congregaciones globales como Opus Dei, Comunión y Liberación, la Legión de Cristo.

El pacto se fractura por la severa crisis mundial mediática de la Iglesia Católica 2009-2010 en torno a los miles de casos de abusos a menores ocurridos en los últimos 50 años en instituciones y colegios católicos de medio mundo, y por la sistemática tarea de ocultación que emprendió la jerarquía durante el reinado de su antecesor, Juan Pablo II.

Benedicto XVI llegó con la orden de apartar de sus cargos a los encubridores, pero han pasado los años sin haberlo logrado.

Para la mayoría de los críticos, la estructura de poder de la Iglesia Católica es el punto central de los abusos sexuales dentro del clero. “Cada caso de violencia sexual en la iglesia es, en primer lugar, un reflejo de abuso de poder”, afirma Christian Weisner, portavoz del movimiento reformista católico Somos Iglesia.

El escándalo de abusos sexuales ha movido a la Iglesia católica a abrirse más rápido de lo que habrían deseado sus sectores reformistas.

Muchos fieles católicos y la gran mayoría de teólogos vanguardistas esperan el fin del férreo orden jerárquico del Vaticano, la ordenación de mujeres, el fin del celibato sacerdotal.

Muchos católicos ignoran que los sacerdotes y obispos no tenían prohibido el matrimonio durante los primeros 10 siglos de vida cristiana, y que algunos Papas fueron hijos de otros Papas, sin que ese linaje afectara la santidad de sus actos. Tal fué el caso de Inocente I (401-417), hijo de Anastacio I, y de Juan XI (931-935), hijo de Sergio III, además de otros ocho pontífices engendrados por obispos y miembros del bajo clero.

Hasta que en 1073, Gregorio VII dio vuelta a la historia e impuso el celibato. Uno de sus teólogos, Pedro Damián, lo justificó diciendo que el matrimonio de los sacerdotes los distraía del servicio al Señor y contrariaba el ejemplo de Cristo.

Si bien la intención del Papa Gregorio era restaurar la derruida moral del clero y purificar a la feligresía con ejemplo de castidad, muchos creen que la imposición del celibato fue también el camino que llevó a muchos a la pederastia.

El próximo cónclave será muy importante para ver si llegan o no los cambios que no pudieron tomarse en 2005, cuando fue elegido Benedicto XVI.

ALBERTOAMPUERO/LA OPINION/Escuela Bolivariana del Poder Popular
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