Sandra Oblitas: “Desde el punto de vista técnico y estadístico, la auditoría es inoficiosa”


La vicepresidenta del Consejo Nacional Electoral, Sandra Oblitas, prefiere no decir que la auditoría que está por iniciar este organismo es una pérdida de tiempo para quienes esperan que de ella salga un resultado distinto al que proclamó a Nicolás Maduro como nuevo presidente. Ella opta por una expresión menos común: será inoficiosa. De todos modos, según los diccionarios de sinónimos, significa lo mismo: ociosa, ineficaz, inútil.

“Hemos dicho que para nosotros, el proceso electoral concluyó porque se emitió un resultado irreversible y se proclamó al ganador. Quien crea tener razones para impugnar, debe acudir a las instancias legales, con sus elementos de juicio. Desde el punto de vista técnico y estadístico la auditoría es inoficiosa –dice Oblitas–. Nosotros, con muchísima responsabilidad, decidimos realizarla porque entendemos que, más allá de los liderazgos, hay sectores de la población, electoras y electores, que podrían sentir tranquilidad si el CNE atiende una solicitud que le fue formulada. Pero que quede claro que esto no conduce a variar resultados electorales. Las expectativas en ese sentido son infundadas”.

—El ex candidato Henrique Capriles dice que la auditoría debería abarcar todos los aspectos del proceso. ¿Qué abarca, según la Ley?

—El sistema electoral es automatizado y las diversas auditorías son verificaciones, certificaciones, validaciones. El artículo 156 de la Ley Orgánica de los Procesos Electorales define la auditoría como “la verificación de todos aquellos recursos materiales, tecnológicos y datos utilizados en la ejecución de las distintas fases del proceso electoral, para que estos garanticen la transparencia y confiabilidad de dicho proceso” y agrega que “podrán aplicarse al conjunto o a alguna de las fases del proceso electoral”. Nosotros tenemos 18 auditorías previas a la elección, en las cuales participaron todos los actores políticos, que las suscribieron en señal de validación. Entre esas auditorías está la verificación ciudadana, que tiene dos fases. La fase 1 se hace el mismo día de la elección, en las mesas escogidas por sorteo en cada centro (20 mil 800 mesas). Esa verificación consiste en cotejar el conteo de los comprobantes de votación con los datos reflejados en el acta de escrutinio. Es importante repetir que en ese cotejo no hubo inconsistencia alguna. Sirve para comprobar que el acta refleja lo que está en la caja. Eso, por encima de cualquier criterio estadístico, en Venezuela no se hace con una pequeña muestra sino con 54% de las mesas. Luego hay una fase 2, que es una “auditoría de la auditoría”, sobre 1% de los votos. Eso se hace con el material electoral ya replegado en los galpones del CNE. Esa auditoría se hizo el jueves 18 de abril y, como siempre, arrojó cero error. Lo que el CNE decidió entonces fue ampliar esta segunda fase de la auditoría con participación de los técnicos de las organizaciones políticas.

—¿Esa ampliación implica que el procedimiento que se hizo en las mesas el día de las elecciones, se le hará en el CNE a la totalidad de 46% que no se auditó antes?

—No en el número. Nosotros hicimos, de manera simultánea, la noche del 14, un total de 20 mil 800 auditorías. Eso significa, tomando en cuenta los miembros de las mesas auditadas, los testigos y el personal del CNE, más de 100 mil personas involucradas. Mal podríamos decir que vamos a hacer eso mismo, en un tiempo razonable, con el restante 46%, con apenas unos pocos funcionarios. Lo que hemos dicho es que vamos a trabajar 10 días continuos, con la capacidad instalada del CNE para auditar lo que corresponda por sorteo, día a día. Nuestra estimación es de 400 mesas diarias, pero dependerá de las condiciones técnicas óptimas para trabajar con pulcritud, como siempre se ha hecho. Luego de esos diez días se rendirá un informe al país. Yo no tengo duda de que será igual que el del jueves: error cero. Después se inicia otra ronda de diez días y habrá un segundo informe; y diez días más, un tercer informe. (Nota: un cálculo muy somero indica que la auditoría abarcaría, entonces, unas 12 mil mesas y alrededor de 4 millones 400 mil votos)

—¿Entonces no puede afirmarse que al final, todos los votos habrán sido contados manualmente?

—No, porque además de ninguna manera esa auditoría significa un conteo manual, de ninguna manera. El escrutinio de los votos es automatizado. Ese ejercicio de validar los comprobantes de voto contra el acta de escrutinio es una auditoría, en ningún caso es un conteo manual. Eso sería un retroceso en nuestro sistema electoral.

—Mientras se hace la auditoría está corriendo el lapso para impugnar el resultado de la elección. ¿No deberían extenderse esos lapsos?

—No tiene que ver una cosa con la otra. El proceso de auditoría es una verificación de la plataforma tecnológica, no de los resultados electorales. Las impugnaciones pueden ser presentadas por quien crea tener razones para hacerlo, ante el Tribunal Supremo de Justicia y con elementos válidos de inconsistencias. No tiene que ver nada con la auditoría.

—¿Está garantizada la cadena de custodia del material electoral? ¿Es seguro que nadie puede haber alterado nada en el tiempo que ha transcurrido?

—Claro que es seguro. El repliegue del material se cumplió a cabalidad, con unos protocolos muy rigurosos porque estamos obligados por ley a preservar ese material, incluso si nadie objeta el proceso.

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Gracias a la vida

Suave, pero firmemente. Así habla la rectora Sandra Oblitas Ruzzo, socióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela. Lo demuestra cuando dice cosas como: “No se puede convertir una auditoría en un juicio político. Acá no habrá partes de guerra ni espectáculos porque eso sería exponer a la población a una tensión permanente”.

Uno la oye hablar y, tal vez por razones un poco truculentas, siente curiosidad por saber cómo serán esas reuniones conflictivas que Oblitas y las otras tres mujeres del directorio (Tibisay Lucena, Socorro Hernández y Tania D’Amelio) sostienen con el rector Vicente Díaz. “Hemos logrado llevar las diferencias con respeto. Hay momentos en que las diferencias son mayores o menores, pero siempre procuramos lo mejor para el país y para el sistema electoral. Las responsabilidades colectivas, siempre las encauzamos. Ahora, cada quien tiene sus responsabilidades individuales y debe asumirlas”, dice.

Oblitas deplora absolutamente el asedio a la casa de Lucena. “Es un ataque a su persona y a su familia, y en el orden simbólico atenta contra la institución y la democracia. Eso no puede aceptarse”.

Le preguntamos qué hará cuando deje de ser rectora electoral (su período está por vencerse). “Quizá me dedique a mi hija un buen tiempo –responde-. Pero siempre agradeceré la oportunidad que me ha dado la vida de participar en esta importantísima responsabilidad. Ha sido una experiencia fructífera y un gran aprendizaje”.

CLODOVALDO HERNÁNDEZ/ CIUDAD CCS
FOTO J. CASTILLO

Ciudad CCS / Escuela Bolivariana del Poder Popular

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