Gaza: la fácil y sangrienta respuesta a una adivinanza

Moisés Saab Lorenzo



Imagen de muestraEl Cairo, 15 nov. ¿Cuál es la relación entre unas elecciones adelantadas, unas pruebas de ADN y una iniciativa diplomática?.
La respuesta a la adivinanza es sencilla y sangrienta: los bombardeos aéreos, marítimos y terrestres del Gobierno del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, contra la Franja de Gaza.

Netanyahu convocó días atrás a comicios parlamentarios adelantados debido, dijo, a la imposibilidad de aprobar el presupuesto nacional con la actual composición de la Kneset (parlamento) y poco después anunció la fusión oficial de su coalición Likud con el partido Yisrael Beitenu, liderado por su canciller, el ultraderechista Avidor Lieberman.

La realidad es que ambos políticos se complementan por sus presupuestos ultra sionistas y encabezan un gabinete cuya misión inmediata parece estar a punto de cumplirse: invalidar los acuerdos alcanzados en Oslo en 1993 basados en el inicio de negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) sobre la existencia de dos estados.

Ese objetivo final puede haber sido la causa de la inexplicada muerte en 1995 en un atentado del ex primer ministro Yitchak Rabin, signatario de esos acuerdos con el extinto líder palestino Yasser Arafat y el único jefe de Gobierno israelí muerto de manera violenta en el ejercicio de su cargo y en su país.

Aunque resulta evidente que los nombres de los verdaderos responsables de la muerte de Rabin permanecerán encerrados en los pechos de quienes planearon el misterioso atentado, las causas del fallecimiento de Arafat pueden salir a la luz en breve tiempo, tras el inicio de pesquisas científicas iniciadas por denuncias de que puede haber sido envenenado con sustancias radiactivas.

Su viuda, Suha Arafat, solicitó una investigación pormenorizada de las causas del fallecimiento del líder palestino, envueltas en el misterio desde el momento mismo que los patólogos del hospital francés en que fue atendido rehusaron certificar una razón aceptable.

Un resultado que incrimine a Israel o a su policía política en el magnicidio del líder palestino revelaría otra faceta tenebrosa de la cúpula dirigente israelí, cuyos máximos y más peligrosos exponentes son Netanyahu y su aliado Lieberman.

A este conjunto de hechos debe añadirse la anunciada decisión del presidente en ejercicio de la ANP, Mahmud Abbas, de solicitar a la Asamblea General de la ONU el próximo día 29 la elevación de su actual estatuto de entidad observadora, a la de estado no miembro.

El Gobierno israelí reaccionó ofreciendo a los palestinos el reinicio incondicional e inmediato de negociaciones y, después, ante la insistencia de Abbas de dar el paso, con la amenaza de liquidar a la entidad autonómica y renunciar a los Acuerdos de Oslo.

En fecha reciente Netanyahu en declaraciones a la prensa reconoció que el conjunto de la Asamblea General de la ONU es adverso a la política de Israel, un análisis basado en el cambio de la opinión pública mundial respecto a su país, devenido un Estado paria por su conducta en los territorios palestinos ocupados.

De prosperar su iniciativa, la ANP estará en capacidad de poner a Tel Aviv en la posición de potencia ocupante, además de tener derecho a acceder a los organismos pertinentes de la ONU para denunciar los crímenes de guerra de las tropas israelíes en Palestina.

Peor aún, con la evidencia del magnicidio de Arafat, es obvio que Israel tendrá dificultades para seguir presentándose como el pequeño país agredido, una visión que explotó con éxito durante décadas.

Ante ese complejo y desfavorable paisaje, nada mejor que una agresión masiva como la iniciada este miércoles en Gaza para distraer la atención de una opinión pública mundial harta de desmanes y preocupada por las consecuencias de la belicosidad del régimen teocrático israelí.

Ese es el hilo conductor entre los comicios adelantados decretados por Netanyahu, las pruebas de ADN a los restos de Arafat y los bombardeos masivos contra zonas civiles en Gaza, cuyas terminales están todas en las manos de Israel.

Prensa Latina / Escuela Bolivariana del Poder Popular

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